Una vivienda puede convertirse en uno de los puntos más difíciles de resolver cuando termina un matrimonio. No solo porque suele ser el bien de mayor valor, sino porque detrás de la casa hay varias decisiones que no siempre van juntas.
Si te preguntas «en un divorcio, ¿quién se queda con la casa hipotecada?”, antes hay que separar tres cuestiones: quién puede seguir viviendo en ella, quién es propietario y quién continúa debiendo dinero al banco. Resolver una no resuelve automáticamente las otras dos.
¿Quedarte Viviendo en la Casa Significa que Pasa a Ser Tuya?
No necesariamente. En un divorcio con hipoteca, la atribución del uso de la vivienda familiar y la propiedad son cuestiones diferentes.
Por ejemplo, uno de los cónyuges puede tener atribuido el derecho a permanecer en la casa después del divorcio y, sin embargo, ambos continuar siendo propietarios. Y si los dos contrataron el préstamo, también pueden seguir respondiendo de la hipoteca frente al banco.
Por eso, hablar simplemente de quién “se queda con la casa” puede resultar engañoso. Lo que realmente hay que determinar es quién la utiliza, quién es dueño de ella y quién continúa vinculado al crédito hipotecario.
Y Si Tenemos Hijos, ¿Quién Puede Seguir Viviendo Allí?
En un divorcio con hijos y una casa con hipoteca, el interés de los menores tiene un peso importante al decidir el uso de la vivienda familiar.
Si existe acuerdo, este aspecto puede quedar recogido en el convenio regulador. Cuando no lo hay, el artículo 96 del Código Civil establece reglas para atribuir el uso de la vivienda familiar, especialmente cuando existen hijos menores. En determinados supuestos, corresponderá a los hijos y al progenitor con quien permanezcan, aunque las circunstancias concretas de la familia resultan determinantes.
Con custodia compartida la situación exige una valoración más individualizada. No existe una regla automática que convierta a uno de los progenitores en usuario permanente de la vivienda por el mero hecho de compartir la custodia.
¿El Convenio Regulador Puede Decidir También Quién Paga la Hipoteca?
El convenio regulador de divorcio con hijos e hipoteca puede recoger acuerdos sobre el uso de la vivienda, la liquidación del régimen económico y la forma en que los cónyuges asumirán determinados pagos.
Pero aquí aparece uno de los problemas que más conviene tener presentes: lo que acordéis entre vosotros no modifica por sí solo el contrato firmado con el banco.
Podéis pactar que uno pagará íntegramente las cuotas. Si ambos siguen figurando como deudores hipotecarios, ese acuerdo interno no obliga automáticamente a la entidad financiera a liberar al otro.
Si los Dos Firmamos la Hipoteca ¿Seguimos Debiéndola los Dos?
En principio, sí mientras el préstamo no sea modificado con la participación de la entidad financiera.
Esto significa que una separación con hipoteca puede dejar una situación bastante incómoda: una persona abandona la vivienda, pero continúa vinculada a una deuda sobre un inmueble que ya no utiliza.
Y no es únicamente una cuestión de quién ingresa cada mes la cuota. Si aparecen impagos, la posición del excónyuge que continúa en el préstamo también puede verse afectada.
¿Puedo Quedarme con la Casa y Sacar a Mi Ex de la Hipoteca?
Puede plantearse, pero hay que resolver dos operaciones distintas.
Por una parte está la propiedad. Si la vivienda pertenece a ambos, uno puede adjudicársela compensando económicamente al otro, bien dentro de la liquidación del régimen matrimonial cuando corresponda o mediante una extinción de condominio.
Por otra parte está la deuda. Para que uno de los dos deje de figurar como deudor puede ser necesaria una novación de hipoteca tras el divorcio u otra operación aceptada por el banco.
El Código Civil establece que la sustitución de un deudor requiere el consentimiento del acreedor. En otras palabras, podéis decidir entre vosotros quién se queda la casa, pero no podéis obligar unilateralmente al banco a quedarse con un único deudor.
¿Qué Mirará el Banco Antes de Dejar la Hipoteca a Nombre de Uno Solo?
La entidad tendrá que valorar si quien pretende asumir el crédito hipotecario tras el divorcio puede afrontar por sí solo la deuda pendiente.
Los ingresos, la estabilidad laboral, otras obligaciones financieras y el capital todavía pendiente pueden influir en la decisión.
Precisamente por eso conviene analizar la vivienda y la hipoteca conjuntamente antes de cerrar determinados acuerdos en el divorcio. Si necesitas estudiar qué alternativa resulta viable en tu situación, nuestros abogados en Tenerife Sur pueden revisar tanto las consecuencias familiares como patrimoniales del acuerdo.
¿Y Si Ninguno Puede Quedarse con la Vivienda?
Una casa hipotecada en un divorcio no tiene por qué terminar adjudicándose a uno de los dos.
Entre las alternativas que pueden estudiarse están:
- Vender la vivienda, cancelar con el precio la deuda hipotecaria pendiente y distribuir, cuando proceda, el importe restante.
- Mantener temporalmente la copropiedad y decidir más adelante qué hacer con el inmueble.
- Adjudicarla a uno de los cónyuges, compensando al otro y tratando paralelamente con el banco la modificación del préstamo.
Mantener la copropiedad puede servir como solución temporal, pero deja a ambas partes vinculadas a un bien común. Además, el Código Civil reconoce que ningún copropietario está obligado, con carácter general, a permanecer indefinidamente en la comunidad.
¿Qué Pasa Si Mi Ex Deja de Pagar la Parte de Hipoteca que Habíamos Acordado?
Si tu expareja deja de pagar las cuotas que había asumido y tú tienes que hacer frente a cantidades que, según vuestro acuerdo, le correspondían, podrás reclamarle posteriormente lo que proceda.
Por eso conviene que el convenio deje claramente establecido quién asumirá los pagos. Así, si posteriormente hay un incumplimiento, quedará definido qué obligación había asumido cada uno.
¿Quién Paga el IBI, la Comunidad y los Gastos de la Casa?
La cuota hipotecaria no es el único coste que queda después del divorcio. También pueden existir el IBI, los pagos a la comunidad de propietarios, los seguros, suministros y reparaciones.
No todos estos gastos tienen necesariamente el mismo tratamiento. Algunos están ligados principalmente a la propiedad y otros al uso efectivo de la vivienda. Por eso conviene que el acuerdo deje bien definido quién asume cada concepto y durante cuánto tiempo, especialmente si la propiedad y el uso van a quedar separados.
¿Qué Ocurre Si No Nos Ponemos de Acuerdo con la Casa?
Si no existe acuerdo, habrá cuestiones que podrán resolverse dentro del propio procedimiento de divorcio, como la atribución del uso de la vivienda. Otras, especialmente las relacionadas con acabar con una copropiedad, pueden requerir actuaciones adicionales.
La situación cambia según quién figure como propietario, el régimen económico matrimonial, la existencia de hijos, quién contrató la hipoteca y cuánto queda por pagar.
Por eso, en un divorcio con hipoteca conjunta, decidir qué hacer con la casa no debería reducirse a “me la quedo yo” o “te la quedas tú”. Hay que comprobar primero qué consecuencias deja esa decisión varios años después.
¿Y Si Tenemos una Hipoteca Juntos pero Nunca Nos Casamos?
Una separación con hipoteca sin estar casados plantea parte de estos mismos problemas, pero no existe un divorcio ni un régimen económico matrimonial que liquidar.
Habrá que partir fundamentalmente de la titularidad de la vivienda, del porcentaje que corresponda a cada propietario, del préstamo firmado y, si existen hijos, de las medidas familiares que procedan.
También aquí la propiedad, el uso y la deuda pueden terminar en manos distintas. Antes de decidir quién abandona la vivienda o quién seguirá pagando, conviene saber qué obligaciones permanecerán después de la separación.
Entonces ¿Quién Se Queda Realmente con la Casa?
No hay una respuesta idéntica para todos los divorcios. Puede quedarse usándola una persona mientras ambos siguen siendo propietarios; uno puede adquirir la parte del otro pero continuar ambos temporalmente en la hipoteca; o puede venderse la vivienda para cerrar también la relación económica que mantiene unida a la expareja.
La decisión más importante no es únicamente quién se queda con las llaves. Es procurar que la propiedad de la vivienda, la hipoteca y las responsabilidades de cada uno queden claramente definidas al terminar el divorcio.
Si necesitas una asesoría personalizada para saber cuál debería ser el siguiente paso, contáctanos. Estamos disponibles para orientarte.


